Culturilla Naval

'Acerca del Palacio de Capitanía, una joya del XVIII', por Diego Quevedo, Alférez de Navío ®

"Acerca del Palacio de Capitanía, una joya del XVIII", por Diego Quevedo, Alférez de Navío ®

miércoles 23 de febrero de 2022, 11:19h
'Acerca del Palacio de Capitanía, una joya del XVIII', por Diego Quevedo, Alférez de Navío ®

El histórico edificio de la Armada en Cartagena, actual sede del Cuartel General de la Fuerza de Acción Marítima, todo un símbolo y ubicado en el mismísimo centro neurálgico de la ciudad, se edificó entre los años 1738 y 1740, bajo el reinado del primer Monarca de la actual dinastía borbónica, Felipe V, según queda reflejado en una placa colocada en la fachada de la puerta principal, en un lateral.

Esa placa, cuya existencia se remonta a no demasiados años, indica al visitante sólo la antigüedad del edificio, cuya construcción coincidió en el tiempo con la del propio Arsenal al establecerse en Cartagena el “Departamento Marítimo de Levante”, que tal fue su primera denominación, quedando en el anonimato varios nombres como podían ser por ejemplo el del responsable de su construcción, al menos para el viandante que pasa por las Puertas de Murcia.

Pero hace unos años, una de las periódicas obras de rehabilitación a las que se someten cada cierto tiempo los edificios antiguos, (en estos momentos se encuentra en obras de rehabilitación otro edificio emblemático de la Armada en Cartagena, el de “Servicios Generales”, antigua sede de la “Escuela de Guardiamarinas”, en la Muralla del Mar y de quien hablaremos en otra entrega), en la calle Villamartín, y a una altura considerable, totalmente fuera del alcance de la vista del ciudadano de a pié, al que no se le ocurre mirar hacia arriba, apareció al realizarse una limpieza profunda de la fachada un letrero de época, pintado sobre el muro.

La aparición en un primer momento de solo un pequeño trozo del mismo, que solo dejaba ver alguna letra, hizo saltar las alarmas del personal que se encontraba realizando la ogra, determinándose que era de “obligado cumplimiento” tratar de esclarecer la leyenda que se ocultaba bajo un indeterminado –pero probablemente numeroso- número de capas de pintura que se le habían ido dando en años anteriores, de modo que tras ser decapada, apareció a los ojos de los operarios una significativa frase en letras pintadas en tres renglones.

Letreo que vino a sacar a la luz la identidad del maestro responsable de la construcción del edificio, resultando ser obra del “Maestro Mayor de Su Majestad” Pedro Marín, y que muy probablemente fuese también la persona que ordenase pintar la leyenda para así pasar a la posteridad y no quedar en el anonimato.

Este edificio, a lo largo de su historia ha tenido diversos usos, distintos aspectos externos, e incluso diferentes denominaciones oficiales, siendo el anterior el actual el de “Capitanía General de la Zona Marítima del Mediterráneo”, lo que hace que el cartagenero de a pié siga denominando escuetamente como el “edificio de Capitanía”, y aunque las Capitanías de las Zonas Marítimas como tales desaparecieran hace años siendo reconvertidos los edificios que los albergaban en otros usos, concretamente el que nos ocupa en Cuartel General de la Fuerza de Acción Marítima.

Por lo que al aspecto externo se refiere, algunos cambios ha tenido con el paso de los años, siendo el más significativo la remodelación de la fachada principal que en los años 20 del pasado siglo presentaba los balcones laterales cerrados, así como un par de garitas de obra -´coronadas por dos pequeñas anclas- flanqueando la puerta principal, para que los centinelas se protegieran de la lluvia, y que serían demolidas en una de las obras de reforma que con el tiempo se han venido acometiendo. Sobre dichas garitas, en la fachada, figuraban un par de faroles de hierro, salidos casi con toda seguridad de los talleres de forja del antiguo “presidio de penas aflictivas”,- luego Cuartel de Instrucción de Marinería y posteriormente sede de la Universidad Politécnica y Museo Naval- donde los presos realizaban trabajos artesanos a cambio de redimir tiempo de condena, faroles que fueron sustituidos por dos de bronce que recuerdan los fanales que llevaban antiguamente los navíos en sus popas para, con grandes cirios encendidos en su interior, indicar lo que hoy se conoce como “luz de alcance” de un buque. Igualmente sobre lo que es la puerta principal, en la fachada, existían unos soportes de hierro sobre los que en verano se instalaba un toldo, soportes que también serían desmontados, dado que dicho toldo afeaba la fachada del Palacio, ya que ciertamente le daba aspecto más bien de comercio, aunque posteriormente se colocaría otro pero plegable, más discreto al menos.

También el balcón central sería remodelado, habilitándose otro de mayor superficie y con un saliente abombado para ubicar en el mismo el asta de la bandera, que en los años en que se construyó el edificio no estaba contemplado su izado. En definitiva, un precioso edificio, muy querido por los cartageneros por ser un referente en la ciudad y que a pesar de los años que ya tiene su estructura y los cambios habidos en ella sigue teniendo “el encanto de la época dieciochesca” en la que fue construido, encanto que siempre le ha caracterizado.

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