DEBATE FORO CASCO HISTÓRICO DE LORCA
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DEBATE FORO CASCO HISTÓRICO DE LORCA

Tendrá lugar en la Casa del Artesano (Pósito), 29 de noviembre de 2021 y contará con David Romera. Doctor en Geografía y Ordenación del Territorio

viernes 10 de diciembre de 2021, 09:33h

El debate sobre la situación en la que se encuentra actualmente el Casco Histórico de Lorca es extraordinariamente complejo al confluir muchos elementos y factores, resultado de una dilatada evolución en la configuración de una ciudad anacrónica cuyo crecimiento ha derivado en el abandono y degradación de lo que debía ser el alma de la ciudad. El Casco Histórico es el espacio urbano que da singularidad y distingue a Lorca del resto de localidades. La crisis que afecta en la actualidad al Casco Histórico de Lorca refleja la crisis estructural en la que se encuentra inmerso el conjunto de la ciudad.

Este debate, junto a la aprobación del pliego de condiciones técnicas que dará lugar a la redacción del futuro Plan Director para la Recuperación y Regeneración del Casco Histórico de Lorca, puede ser el inicio de un cambio de tendencia hacia la recuperación integral de la zona monumental. Tras décadas de abandono, despoblación y prácticas especulativas, existe en el pueblo de Lorca una mayor concienciación sobre la necesidad de recuperar nuestro Casco Histórico como seña de identidad y futuro motor de desarrollo económico. Sensibilización que comenzó a activarse tras los seísmos que devastaron la ciudad en Mayo de 2011 y que se ha reflejado en una mayor participación tanto de las administraciones públicas como de los colectivos sociales y económicos y los grupos políticos. Existe una necesidad clara de abordar la recuperación urgente del Casco Histórico para frenar tanto el deterioro estético y arquitectónico como el envejecimiento y despoblación que padece.

El Casco Histórico de Lorca es un espacio frágil y vulnerable pues es preso de su tiempo. Esta zona urbana presenta dificultades de adaptación frente a las necesidades actuales de la población, lo que le resta atractivo para vivir en él, especialmente a las nuevas generaciones.Existe un proceso de separación psicológica y funcional frente a las oportunidades que genera vivir en la ciudad nueva que crece hacia la periferia. En Lorca, frente a otras ciudades donde el centro monumental se mantiene activo en el mismo centro de la ciudad, existe un hándicap: la topografía. El declive topográfico del espacio urbano desde la ladera del cerro del Castillo hacia el valle, supone que, cuanto mayor es la altitud de la curva de nivel, mayor es el grado de degradación y abandono. El Casco Histórico se va diluyendo hacia la fortaleza en los Barrios Altos, que conservan la trama medieval y una magnífica situación en altura, pero con importantes bolsas de pobreza urbanística y social. Es necesaria la integración de estas áreas para favorecer su renovación al constituir una unidad morfológica y paisajística.

El Casco Histórico de Lorca es víctima de un círculo vicioso en el que interactúan factores internos propios de ese espacio y factores externos que tienen lugar en el conjunto de la ciudad o fuera de ella y que le afectan. Entre los factores internos destacan: la degradación estético-arquitectónica de sus edificios resultado del éxodo de la población y las actividades económicas, el abandono y las prácticas especulativas. Sobre estas últimas resaltar que la más empleada por muchos propietarios es aquella que persigue la declaración por parte de las administraciones públicas de la “ruina técnica” del edificio tras poner en marcha todos los mecanismos que conllevan una rápida degradación del inmueble (grifos abiertos, no reparar humedades ni goteras, ventanas abiertas, no solucionar problemas estructurales…) La declaración de ruina supone, en última instancia, el derribo del edificio y la posibilidad de construir uno de nueva planta más ventajoso pues se levantará un edificio de nuevo cuño, con más edificabilidad, más volumen y con posibilidad de levantar una nueva planta en ático. Esto lleva a pensar de la existencia de unos responsables de la situación actual: propietarios privados faltos de sensibilidad en cuanto a la preservación de un patrimonio que es de todos, ansiosos de obtener rápidos beneficios; unas administraciones públicas que debían fiscalizar, vigilar y hacer cumplir las leyes en favor del patrimonio, adoptando las políticas públicas necesarias que favorezcan la repoblación y regeneración urbana (políticas de vivienda joven, adecuada urbanización de calles y plazas, mobiliario urbano, regulación de estética y ornato público…); y por último, el pueblo de Lorca, en menor grado, que no tenido históricamente la suficiente concienciación sobre esta problemática que es pública y nos afecta a todos.

Luego están otros factores internos como es el cierre de servicios y su traslado a la periferia (zona de Sutullena) y la pérdida y envejecimiento paulatino de la población. Las cifras indican que actualmente la población del Casco Histórico se ha reducido a los 4.300 habitantes, apenas el 7% de la población del centro urbano, habiendo perdido más de 1.000 almas en la última década, lo que nos indica que el éxodo en décadas precedentes, se sigue produciendo y agudizando. Ni tan siquiera el proceso de gentrificación que se viene dando en la zona equilibra la situación. La tercera parte de la población residente no es nacida en Lorca. Por otro lado, el envejecimiento de la población es un hecho constatado: el 20% de la población anciana tiene más de 85 años de edad y la tasa de envejecimiento es 20 puntos superior al del resto de barrios de la ciudad.

Por último, la degradación edilicia y la despoblación del Casco Histórico de Lorca tiene otra consecuencia: la desaparición del tejido económico ante la falta de demanda y baja rentabilidad de los negocios. Del tejido comercial y de servicios del que gozaban calles emblemáticas como la de Selgas (“calle de las Tiendas”), Cava (popular por sus platerías y sombrererías) o Santiago nada queda ante su desplazamiento a la ciudad nueva. Luego queda la situación de inseguridad ciudadana que existe en las calles de la zona alta del Casco Histórico, especialmente durante la noche.

Respecto a los factores externos, citaremos el fracaso absoluto en las políticas de planificación y regeneración urbana, a pesar de la declaración de Lorca como Conjunto Histórico Artístico en 1964. Cuando el PEPRI se aprobó en el año 2000 tras quince años de burocracia, ya estaba obsoleto, convertido en un mero regulador urbanístico sin propuestas en la recuperación funcional y social. El fuerte crecimiento de la ciudad a la periferia acabó por desplazar a la población a las nuevas barriadas, con mayores equipamientos y servicios, de tal suerte que hubo un tiempo en el que vivir en las avenidas de prestigio, acabó vaciando las antiguas casonas de la zona monumental, cristalizando un nuevo modelo de ciudad anacrónico donde el Casco Histórico ha quedado descolgado. Ese movimiento interno de la población se mantiene, pero ahora se dirige preferentemente al campo y huerta o a la costa. Hoy la ciudad ha perdido atractivo para vivir en ella pues además de la intensidad en el proceso de gentrificación de algunas barriadas, se unen la desorganización en la movilidad urbana, problemas de inseguridad, el incremento de la contaminación urbana, el desarrollo de la red de transporte en la comarca y la competencia que ejercen otras ciudades sobre Lorca que le restan centralidad.

¿Cuál es la situación actual? Una clara dualidad entre los hitos arquitectónicos que han sido restaurados gracias al Plan Director puesto en marcha tras los seísmos de 2011, y el entorno, que no se incorpora a esa dinámica (iniciativa privada). Asimismo, no son las mismas condiciones en las que se encuentra la zona alta del Casco Histórico (por encima de la calle Corredera) que la zona baja, en contacto directo con el ensanche central de la ciudad cuyo máximo exponente es el eje Santo Domingo-Lope Gisbert-Príncipe Alfonso. ¿Tiene sentido hablar hoy de Conjunto Histórico? Cada vez menos. De aquellos “conjuntos urbanos que se suceden sin interrupción” según justifica la Declaración de Conjunto Histórico-Artístico de 1964, apenas quedan tres o cuatro espacios que reúnan tales condiciones como es la Plaza de España, el barrio de Santiago, Santo Domingo o la calle Lope Gisbert. Ni siquiera la calle Corredera, brújula de la ciudad durante décadas, ha conservado su unidad arquitectónica de los siglos XVIII y XIX que la hubiera convertido en una de las calles más hermosas de España. Sólo hay que ver algunas fotografías antiguas de la calle y compararlas con la situación actual para comprobar el grado de destrucción alcanzado, aún en el mismo corazón de la ciudad.

Pero esta dinámica no se remonta al Desarrollismo de los años 60 ó 70. En los últimos 20 años hemos asistido a la desaparición de numerosos edificios singulares de los siglos XIX y XX por creer que carecen de valor. Los pabellones del Cuartel de Infantería, el Cristal Cinema, la fábrica de la luz de la Alameda Menchirón o la antigua Escuela de Maestría Industrial han sucumbido a la piqueta ante la falta de sensibilidad de nuestras autoridades. ¡Incluso se llegó a plantear cambiar de posición el Puente de la Torta para salvar la Ronda Central! La puntilla de esta dinámica llegó tras los terremotos con derribos indiscriminados de muchas casonas del Casco Histórico (calle Álamo), que ahora lucen como si de un plató de cine se tratara. Tal fue el desaguisado para favorecer las prácticas especulativas, que técnicos en Patrimonio del Consejo de Europa pidieron tanto al Ayuntamiento como a la Comunidad Autónoma que pararan los derribos y activaran mecanismos de recuperación viables para esos edificios...

¿Hay esperanza? ¿El Casco Histórico de Lorca es recuperable? Lo es. Otras ciudades en una situación muy parecida a la de Lorca lo han conseguido como es el caso de Cuenca. Hay que ver qué se ha hecho en otras ciudades para implementar dichas políticas según las singularidades de nuestra ciudad. Pero hay que actuar ya, con urgencia. Hay algunas áreas cuya degradación es irreversible.

PROPUESTAS:

1º) Realizar un estudio diagnóstico sobre la situación actual del Casco Histórico. Trabajo de campo serio y concienzudo del que carece el actual PEPRICH (algo que sí se realizó, con sus limitaciones, en el PEPRI), en el que se atribuya a cada inmueble el grado de protección que merece, preservando sus valores patrimoniales. Dicho análisis arquitectónico debe ir complementado con un estudio de carácter económico y social del área teniendo en cuenta las características de la población. Sería realizar una “radiografía” de la situación actual.

2º) Abrir un proceso de participación ciudadana. Los que residen, tienen negocios o trabajan en el Casco Histórico son los principales agentes que intervienen en él, cuya opinión y propuestas son tremendamente valiosas. Abrir dicho proceso al conjunto del tejido económico, social y cultural de la ciudad puesto que el Casco Histórico debe ser tenido en cuenta como un problema de ciudad, no de un área determinada.

3º) Elaborar un Plan Estratégico (Plan Director) a medio plazo que plantee una recuperación integral del Casco Histórico, no sólo en el aspecto arquitectónico y urbanístico, también recuperación demográfica, de actividades económicas y servicios y equipamientos públicos. No debe quedar como un documento de mera regulación urbanística. El camino dibujado en este sentido desde la nueva Concejalía del Casco Histórico de Nines Mazuecos es el necesario para crear una hoja de ruta a medio y largo plazo para conseguir la ansiada recuperación integral de nuestra zona monumental.

4º) Exigir a los propietarios el “deber de conservación” para asegurar la integridad de los edificios catalogados y evitar la práctica especulativa que se inicia con la declaración de “ruina técnica”. Entre 1967 y 1979 hubo una treintena de demoliciones por esta causa.

5º) Integrar a los Barrios Altos, especialmente San Juan, al ser la principal carta de presentación del Casco Histórico, por el barrio de San Cristóbal, pues constituyen una unidad paisajística con la fortaleza medieval y las Parroquias Altas.

6º) Establecer una catalogación realista, sin ambigüedades, que esté a la medida de los edificios protegidos donde prime el interés patrimonial que tengan para mantener la identidad de la imagen urbana, evitando los “falsos históricos” y “pastiches” tras los procesos de demolición o la generalización indiscriminada de las plantas en ático que han hecho desaparecer tejados tradicionales y las típicas torretas lorquinas, de las que apenas quedan unos pocos ejemplares. También hay que integrar con medidas correctoras los edificios catalogados como “distorsionantes y rupturistas” y limitar, según se indica en el PEPRICH, los procesos de “reestructuración” o “ampliación” en los edificios de grado 1 y 2, que son los de mayor interés en cuanto al derribo de fachadas, vaciado interior o construcciones de nuevas plantas en ático.

7º) Crear un Plan Municipal para el Fomento de la Rehabilitación y un Plan de Vivienda Joven aprovechando la existencia de numerosos solares municipales tanto en el Casco Histórico como en los Barrios Altos. No hay más alternativas que atraer a la población joven que permita el reemplazo generacional para asegurar la supervivencia del recinto monumental.

8º) Establecer “Áreas de Intervención Integral” que actúen como áreas piloto en el marco de una colaboración público-privada, cuyo resultado satisfactorio impulse la rehabilitación futura de zonas próximas o manzanas enteras. Deberían tener prioridad por su grado de deterioro el entorno de las calles Cava y Selgas.

9º) Diversificación económica. El Casco Histórico interactúa con la dinámica de la ciudad. Resulta primordial una nueva planificación territorial y económica que haga efectiva la atracción de inversores privados que generen actividades de alto valor añadido (sector tecnológico, energías renovables, terciario avanzado, desarrollo industrial…) que incrementen la cada vez menor renta per cápita de la población lorquina, generando nuevas demandas en la compra o alquiler de viviendas y en la concepción de redescubrir el Casco Histórico como lugar apetecible para vivir y disfrutar. Aquí también cabe la potenciación y mejora del producto turístico de Lorca, la mejora en las redes de transporte y comunicaciones (AVE, autovía Lorca-Caravaca…), reordenación de la movilidad interna y la recuperación de la histórica capitalidad subregional de Lorca.

10º) Búsqueda de inversores en el exterior. No sería descabellado “vender” el Casco Histórico de Lorca en el centro y norte de Europa, dadas las ventajas que supone vivir en el Sureste de España, a media hora del mar, con un clima envidiable, en el marco de una ciudad histórica y de servicios. La búsqueda de compradores e inversores en el exterior se puede canalizar a través de ferias comerciales especializadas. Una experiencia que ha dado buenos resultados en la recuperación de núcleos rurales o de áreas urbanísticamente degradadas.

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