Culturilla Naval

"Algunos apodos más de buques de la Armada", por Diego Quevedo, Alférez de Navío ®

 'Algunos apodos más de buques de la Armada', por Diego Quevedo, Alférez de Navío ®
miércoles 22 de septiembre de 2021, 14:30h
 'Algunos apodos más de buques de la Armada', por Diego Quevedo, Alférez de Navío ®
 'Algunos apodos más de buques de la Armada', por Diego Quevedo, Alférez de Navío ®
Si en anteriores entregas hicimos un repaso a los apodos que han ostentado –y con el que se han conocido durante años- algunos buques de la Armada, hoy hablamos de algún otro, buques todos ellos que ya son historia, como por ejemplo el crucero acorazado PRINCESA DE ASTURIAS.

Este buque, construido en Cádiz para la Armada, iba a ser lanzado al agua en Septiembre de 1896. Llegado tan señalado día, en un astillero abarrotado de personalidades civiles y militares, tras la bendición sacerdotal de rigor y una vez liberado de las trincas que lo sujetaban a la grada, el flamante navío –como sucede en todas las botaduras que se producen en Cádiz- debía caer al agua por efecto de la gravedad y a continuación los asistentes serían agasajados con el pertinente ágape, pero el crucero sólo llegó a deslizarse por el varadero unos pocos metros, ante el estupor de quienes habían sido invitados al acto, que en consecuencia se quedaron sin refrigerio, que sería anulado,….los días sucesivos se intentó empujarlo con todos los medios disponibles, pero durante todo un es, no consiguieron deslizarlo más allá de unos pocos metros más, llegando a barajarse la posibilidad incluso, dado que ya se había desistido y su botadura se había convertido en misión imposible de que debía ser desguazado allí mismo…

La jerga popular gaditana, no tardaría en adjudicarle el apodo correspondiente, siendo bautizado como “el arrastrao”, hasta que un buen día, ante el estupor de los operarios del astillero, que habían efectuado sobre él diversos intentos fallidos lo que motivó el abandonar definitivamente el acto de botadura ante la imposibilidad de que el narco llegase al agua, de pronto, sin saber nadie como ni porqué, el crucero se deslizó sólo al mar y pasó a flotar majestuosamente, hecho que tuvo lugar finalmente el 17 de Octubre, pasado más de un mes después de la fecha inicialmente prevista. Así, si durante el tiempo de botadura fallido la jerga popular como hemos comentado le apodó “el arrastrao”, a partir de que se deslizara repentinamente al agua, pasaron a llamarle “el espontáneo”, apodo con el que ya sería conocido el resto de su vida.

También a finales del XIX, tenía lugar de nuevo en Cádiz la botadura –ésta sin incidencias- de otro crucero acorazado, el CARLOS V, que casi desde el primer día de su existencia y hasta el último prácticamente sería conocido popularmente como el “Carlos usted”, por la similitud del número romano de su nombre con la abreviatura del pronombre personal.

Por otro lado, a mediados de los años 50 (siglo XX), se construirían en los astilleros de la Bazán ferrolana, una serie de 9 unidades que serían conocidos en principio en su conjunto como los “audaces”, por ser precisamente AUDAZ el nombre del que abría la serie y que se completaba con los OSADO, METEORO, FUROR, RAYO, ARIETE, TEMERARIO, INTRÉPIDO y RELÁMPAGO, por ese orden. Estos buques, que a lo largo de sus años de servicio llegaron a tener varias consideraciones (torpederos, cazasubmarinos, fragatas rápidas o destructores antisubmarinos, fragatas rápidas o destructores antisubmarinos), contaban con unas estancias a bordo de muy pequeñas dimensiones que además eran compartidas por un elevado número de miembros de dotación, con lo cual, las estrecheces del buque aún parecían acentuarse más. Así, puente, sala de máquinas, comedores, pasillos, sollados, camarotes, aseos y en definitiva cualquier estancia a bordo era bastante estrecha.

La construcción de estas unidades coincidió en el tiempo con la comercialización en España de un minúsculo coche utilitario, el “biscúter”, vehículo con unas prestaciones minúsculas y un tamaño tal que más pequeño hubiera sido imposible diseñarlo, de modo que la jerga popular no tardó en apodar a los 9 audaces que componían la serie con el cariñoso apelativo de “los biscúters”.

Por último, en esta entrega, hablaremos de los 5 destructores que, procedentes de la ayuda americana, llegaron a España en la década de los años 50 para formar la 21 Escuadrilla.

Pertenecientes a la numerosa clase “Fletcher”, que llegaron a servir en muchas Armadas aliadas de EE. UU. Se convertirían al legar a España en los LEPANTO, ALMIRANTE FERRÁNDIZ, ALMIRANTE VALDÉS, ALCALÁ GALIANO y JORGE JUÁN. La incorporación de esta serie de buques a la Armada española vino a suponer un aumento cualitativo de las unidades que entonces había en servicio, siendo calificada su llegada como muy exitosa, lo que vino a coincidir precisamente con los grandes éxitos musicales que estaba cosechando entonces un quinteto musical que actuaba bajo el nombre artístico de “Los 5 latinos”, apodo que adquirieron también estos 5 destructores casi desde casi el mismo momento de que se incorporó el último de ellos a las Listas de la Armada.

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