DE SUTILEZAS, por José Biedma López

Abeja del deseo / en sutil revoloteo / busca en su pétalo sangriento /
el sabor de su aliento
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Abeja del deseo / en sutil revoloteo / busca en su pétalo sangriento / el sabor de su aliento
martes 20 de julio de 2021, 11:37h
DE SUTILEZAS, por José Biedma López

¿Qué es sutil? ¿Qué es lo sutil? Confundimos la delgadez y finura con la sutileza, pero entonces, ¿para qué llamar sutiles a las que podemos llamar delgadas o finas?, ¿qué sentido añade este adjetivo tan usado por los poetas? Digamos que el significado de “sutil” también es harto sutil y generoso: lo que sin exceso de apariencia se hace notar por su delicadeza, gracilidad, ingenio o perspicacia. Sutil es la brisa salerosa del mar, pero también la ironía cáustica de Gracián o la disección de la Razón que Kant hizo en sus Críticas.

En nuestros poetas es adjetivo resultón y alado. Cualquier cosa puede ser sutil: una canción, una mariposita (Vicenta Castro) un concepto (Lope de Vega) y hasta una guarida (la del “corazón” de Abraham Valdelomar, cuentista y dandi peruano). En un poema de Adelardo López Ayala (“Sin palabras”) es sutil el aroma que sirve de símil a la ternura:

Penetra en ti callada mi ternura

Sin detenerse en el menor desvío;

Como rayo de luna en claro río

Como aroma sutil en aura pura.

Para Amado Nervo es sutil el perfume de un nardo ante el altar de la amada en “Si tú me dices ¡ven”, lo dejo todo”. Aromas y perfumes pueden ser sutiles reclamos; sin embargo, que un desmayo sea sutil nos resulta extraño, y todavía más si dicho desmayo es el del sol besando la sien del poeta para transfigurarla con su rayo (A. Nervo, “¡Está bien!”). Sutiles pueden ser también los ensueños y hasta “el perfume de otras edades” para el modernista mejicano, sutil puede resultar una “santa caricia” lo mismo que “el cuello de una niña” o el enigma de una sonrisa, como la de los esposos etruscos, ¡y hasta un narcótico (suponemos que su efecto) puede ser sutil si hay que buscar asonancia al verso con este otro: “largas manos de marfil”.

Para Leopoldo Lugones es la tarde la que apunta, con ligera pincelada…, “una sutil decoración morada” en la que el poeta se delecta morosamente. También en Borges es la tarde la que se remansa, serena y sazonada, “bienhechora y sutil como una lámpara, / clara como una frente”. Para el puertorriqueño Luis Palés Matos (1898-1959) es la dorada abeja del deseo, la que en su errante y sutil revoloteo busca el clavel sangriento de unos labios. Más abstracta es para el mismo poeta “la elocuencia sutil del olvido” (eso lo sabe bien la señora si te olvidas de su aniversario).

En otro tono, nada romántico, se queja Torres Villarroel de la sutil, bordada y blanda ropa con que el poderoso tapa el barro humano, mientras él envuelve su “piel de diablo” en miserable capa con un negro camisón de ruda estopa. Las cosas han cambiado mucho desde el siglo XVIII del genial perdulario, hoy bien pueden ser los hijos pijos de los poderosos los que lucen harapos y tatuajes de presidiario.

José Agustín Goytisolo celebra “cómo la luz emerge de la sutil textura del poema” si está bien medido y sopesado (“El oficio del poeta”). Enrique González Martínez halla una sonrisa “en la gota sutil que se rezuma / de las porosas piedras, en la bruma, / en el sol, en el ave y en la brisa”, en la misma canción en la que anima a adorar el vuelo del insecto. Arturo Borja promete a su amada Lola una rima de encaje con sutil hilo de luna. En Valle-Inclán es “hilo de plata sutil”, el que hiló su sueño juvenil. Para Julián del Casal es Primavera la que rasga las neblinas del invierno como velo sutil de níveo encaje, con fulguraciones de verdor eterno. Para Octavio Paz es una dama misteriosa la frontera del mundo, sitio sutil, encadenado y libre, quien discípula de pájaros y nubes hace girar el cielo. Hasta la inquietud resulta sutil para José A. Buesa, tal vez porque “la vida tiene un modo sutil de detenerse mientras sigue adelante “y una mujer bonita puede olvidarlo todo / menos su última cita con su primer amante”. Antonio Machado amaba “los mundos sutiles, / ingrávidos y gentiles / como pompas de jabón”.

Ya nuestro Garcilaso de la Vega en su trigésimo cuarto soneto veía “colgada de un sutil cabello / la vida del amante embebecido / en su error, en engaño adormecido, / sordo a las voces que le avisan dello”. A fin de cuentas, de una sutil crin de caballo cuelga también, como espada de Damocles, nuestra existencia efímera. Haremos caso a Juan Arolas y no colgaremos de débiles antenas el sutil lienzo de nuestras esperanzas. Así no se gastará la pila que la sutil luciérnaga tiene para alumbrarse (Marilina Rébora).

En consecuencia suelen muchas cosas, desde el vuelo de un insecto al rumor de las esferas celestiales, resultar sutiles para los poetas: “la sutil perla perdida –de Unamuno-, lágrima de las olas gemebundas”, “el capitel sutil” del alcázar morisco de Rubén Darío, e incluso los sentimientos aquejan sus sutilidades. La melancolía, por ejemplo, en Salvador Díaz Mirón. Como sutil define Medardo Ángel Silva su alma romántica cuando suspira, sonríe o se aburre. También se puede actuar con sutileza (¿con tacto?). Nicolás Guillén describe “de qué modo sutil me derramó en la camisa / todas las flores de abril”. Entre las venas de Esteban Echeverría corre “sutil, ardiente llama”.

Doble sutileza muestra Juan Pablo Forner al describir el atavío de Nisa en esta cuarteta:

Velo sutil sobre su pecho hermoso

Al gusto esconde lo que al gusto incita;

Ni tanto que el tesoro facilite,

Ni tanto que de él dude el ojo ansioso.

Forner contaba con el antecedente del maestro Fernando de Herrera:

Debajo del puro, propio y sutil velo,

Amor, gracia y valor y la belleza

Templada en nieve y púrpura se veía.

No es la seda ni el velo, que cubren y descubren, lo sutil en la Drusila del maestro Angensola…

Y en ti, oh, Drusila, de sutil relieve

El pecho sus dos bultos apresura,

Y en cada cual, sobre la cumbre pura,

Vivo forma un rubí su centro breve.

Sin llegar a convertir pezones y aréolas femeninas en rubíes, ensalza Blas de Otero el cuerpo de la mujer, “río de oro” y “fuente de llanto”, “donde, después de tanta luz, de tanto tacto sutil, de Tántalo es la pena”. Para José Joaquín de Mora es la luz “más sutil, más veloz que el pensamiento”. Estoy de acuerdo, aunque también el pensar pueda ser sutil y luminoso.

Críticos de altura han sentenciado que en los relatos y leyendas de Bécquer lo terrorífico se manifiesta de forma sutil, sin embargo resulta curioso que en sus justamente famosas Rimas no aparezcan ni el adjetivo “sutil” ni el nombre “sutileza”. José María Pereda usará el dialectalismo cántabro “Sotileza” para título de una de sus mejores novelas costumbristas. Es apodo que recibe una joven huérfana al ser acogida por un matrimonio de marineros sin hijos. “Sotileza” es el nombre de la parte fina del hilo del aparejo en la que se ata el anzuelo. El tío Mechelín, encandilado por el salero de la niña, por la finura de su cuerpo y de su obrar, decide apodar Sotileza a la “angeluca”.

También luce sutileza la literatura humorística cuando es mejor que la sal gorda. Sutil es la sonrisa pudorosa, contraria de la vulgaridad. Así cuenta José Asunción Silva la pobre vida amatoria de Juan de Dios con Aniceta, cuyas amarguras curó con cápsulas de sándalo; y la tisis que padeció el amigo después, por culpa de una histérica rubia, muy sentimental…

Luego, desencantado de la vida,

Filósofo sutil,

A Leopardi leyó, y a Schopenhauer

Y en un rato de spleen,

Se curó para siempre con las cápsulas

De plomo de un fusil.

Ese trágico disparo, desde luego, para nada resultó sutil. O tal vez sí.

Del autor:

https://www.amazon.com/-/e/B00DZLV35M
https://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1636897
https://aafi.es/NOCTUA/noctua00.htm

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