“La escuela durante la dictadura franquista”, por Pedro Cuesta Escudero, autor de “La Comisión depuradora. Represión en la escuela”

“La escuela durante la dictadura franquista”, por Pedro Cuesta Escudero, autor de “La Comisión depuradora. Represión en la escuela”
sábado 06 de marzo de 2021, 11:28h
“La escuela durante la dictadura franquista”, por Pedro Cuesta Escudero, autor de “La Comisión depuradora. Represión en la escuela”
Con el triunfo del fascismo en algunos países europeos y aprovechando la coyuntura política de la Dictadura de Primeo de Rivera, se desarrollan en España algunas corrientes ideológicas de claro signo fascista. La victoria de las tropas nacionales en 1939 ofrecía a dichos grupos la posibilidad de implantación de un sistema político similar a los ya existentes en Italia, Alemania y Japón. El franquismo, sin embargo, no se amolda perfectamente a los esquemas fascistas, presentado unas características diferenciadas que se enmarcan dentro de los esquemas morales, ideológicos e incluso económicos de la oligarquía española. En el campo educativo se aprecia la clara influencia de la ideología de la Iglesia española.
“La escuela durante la dictadura franquista”, por Pedro Cuesta Escudero, autor de “La Comisión depuradora. Represión en la escuela”
“La escuela durante la dictadura franquista”, por Pedro Cuesta Escudero, autor de “La Comisión depuradora. Represión en la escuela”

Periodos y etapas de la dictadura franquista

En los cuarenta años que dura la dictadura se distinguen dos periodos claramente definidos por el cambio que se opera a nivel político a partir de la toma de posesión en 1957 del 5º Gobierno del General Franco, que significa el fin de la etapa autárquica y la entrada en el gabinete ministerial de los tecnócratas que pondrán en marcha la nueva política estabilizadora y desarrollista. Dentro de estos dos periodos se dibujan una serie de etapas políticas que presuponen cambios económicos, ideológicos y legales, más o menos visibles a corto y largo plazo.

Del periodo 1938-1957 caben señalar, como hechos, la formación en Burgos, en 1938, del primer gobierno franquista que abre una etapa de signo totalitario y represivo, que se cierra en 1945 a raíz del triunfo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Viene la etapa de aislamiento internacional que termina en 1951 con la formación del 4º gobierno de Franco que integrará a España en los organismos internacionales, destacando en el mundo escolar la entrada en la UNESCO en 1953. El fracaso del tímido liberalismo de la etapa 1951-57 conduce al sistema a buscar nuevas fórmulas de perpetuación.

El segundo periodo presenta tres etapas perfectamente definidas: en la 1ª etapa 1957-1963 los tecnócratas van desplazando a la vieja burocracia dentro del propio Ministerio de Educación. El cambio sólo es en los altos niveles. En la segunda etapa 1963-1964 los valores económicos desplazan los criterios ideológicos, que alcanza su cénit en 1969 a raíz de la publicación del Libro Blanco sobre el sistema educativo. La última etapa, que se inicia en 1970 con la Ley General de Educación y se cierra con la muerte del Dictador. Esta etapa resulta muy compleja ya que marca un compromiso entre las viejas y las nuevas fuerzas del sistema, junto con la aparición de los grupos políticos y sindicales marginados del sistema, que cada vez cobran más protagonismo y fuerza.

El periodo 1938-1957. El nacional-catolicismo

El pensamiento escolar que nace y se desarrolla en este periodo presenta características de signo fascista, pero en él confluyen muchos trazos del ideario educativo tradicional, por lo que le cuadra la fórmula de nacional-catolicismo. El pensamiento de signo tradicional se verá reemplazado paulatinamente en el terreno educativo por un ideario pseudo-tecnocrático, auspiciado a partir de la década de los 50 por algunos ideólogos vinculados al Opus Dei. Con la ley del 26 de Febrero de 1953 sobre la Ordenación de las Enseñanzas Medias se sustituye el bachillerato de siete años y examen de estado y se establece un bachillerato elemental (de 4 cursos) y reválida para dar salida a carreras medias y un bachillerato superior y preuniversitario para ingresar en la universidad.

Pero lo que más resalta de este periodo es la feroz represión que se lleva a cabo, porque había que extirpar de raíz todo lo que se había conseguido durante la República en el terreno educativo. O sea, al lado del “terror caliente” de las ejecuciones, palizas, encarcelamientos y prohibiciones aparece el “terror administrativo” con las depuraciones. Todo el aparato administrativo es sometido a una radical depuración. Pero la depuración del Magisterio adquiere un cariz específico: se considera a los maestros, junto a los profesores universitarios y de enseñanzas medias y a los intelectuales en general, como los inductores de que los enemigos de Dios y de la Patria se adueñaran de España durante los nefastos años de la República masónica-bolchevique. Se les culpa de ser envenenadores del alma popular, de ser los responsables de los crímenes que sembraron de duelo a la mayoría de los hogares españoles.

Y esas resentidas acusaciones no la hicieron cuatro exaltados, sino gente de la Iglesia (jerarquías, jesuitas y de otras congregaciones, Acción Católica) y los integristas herederos del pensamiento de Menéndez Pelayo, como Pemán, Víctor Pradera, Pemartín, marqués de Lozoya, Sainz Rodríguez, Alfonso Iniesta, Romualdo de Toledo, Ibáñez Martín, Ramiro de Maeztu, Arrarás y otros más de Acción Española, de la Asociación Católica Nacional de Propaganda o de la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia. Todos estos son los que elaboran la política escolar del Régimen, porque Franco y todos los militares sublevados no tenían ni idea de los verdaderos problemas de la enseñanza, ni de la exasperada guerra que la Iglesia venía librando por el control de la escuela desde el hundimiento del Antiguo Régimen cuando la Revolución francesa.

La finalidad de la depuración de maestros fue, en principio, destruir la obra escolar republicana, acabar con la coeducación de sexos, con el laicismo, con el espíritu de renovación pedagógica, con la organización democrática de los centros y de todo el sistema educativo. La represión franquista se centró, básicamente, en el sector del Magisterio de mayores inquietudes intelectuales, el más dinámico, el más comprometido con las reformas republicanas. Se castiga a los maestros, no sólo por lo que se suponía que habían hecho, sino como prevención por lo que pudieran hacer.

Características que definen el nacional-catolicismo

Se podrían resumir en los siguientes puntos: inmutabilidad de los valores tradicionales, sumisión a la autoridad, nacionalismo, separación de clases y de sexos, menosprecio hacia las ciencias positivas. Siguiendo el ideario tradicional, Patria, Religión y Familia constituyen los fundamentos ideológicos del nuevo Estado. Patria, una e indivisible, es el factor aglutinante de los afanes imperialistas del Nuevo Estado, simbolizados en los slogans de postguerra: “Por el Imperio hacia Dios”, “Estudio y Acción”, lemas que constituyen un preciso y magnífico exponente de los anhelos imperiales de la juventud agrupada en el Sindicato Español Universitario (S.E.U.)

La alianza entre la jerarquía eclesiástica y el alzamiento militar marca la trayectoria ideológica de los años de postguerra. El pronunciamiento militar sale fortalecido cuando la Iglesia española lo cataloga de “Cruzada de Liberación”. Esta simbiosis Iglesia-Estado permite que la Iglesia tenga posibilidades para recuperar el terreno perdido a nivel político-religioso. Ambos estamentos confluyen en el afán de construir una sociedad autoritaria. Y como fruto de esta identidad la religión católica inspira todos los programas educativos a todos los niveles de la enseñanza.

La familia española constituye el tercer pilar fundamental sobre el cual se sustenta un pensamiento reaccionario, en base a justificar un determinado sistema social y político y, por analogía, un sistema educativo. La constitución jerárquica de la familia tradicional juega un papel determinante en la formación de una sociedad departamentada, donde cada individuo ocupa un papel prefijado desde su nacimiento. La Confederación Católica de Padres de Familia (CONCAPA), uno de los refugios de los sectores más retrógrados del pensamiento oficial, fue la que más contribuyó a la exaltación de los valores tradicionales de la familia. La vindicación de la familia tiene una clara connotación política concreta, primordialmente en la libertad de los padres para escoger la educación de sus hijos, lo que justifica el apoyo oficial, moral y material a los colegios de la Iglesia y la subsidiaridad del Estado en materia escolar.

El esquema jerárquico y la supeditación a los supuestos valores morales inmutables, concuerda con el principio de autoridad, base del nuevo sistema político. El efecto inmediato de autoritarismo eran las aulas en perfecto orden y en silencio. La obediencia, consecuencia directa de la disciplina, se conseguía con la implantación del clásico sistema de premios y castigos, cuya expresión más elaborada es el examen.

La base ultranacionalista de la educación queda expresada en los programas unificados, en el ideario nacional-sindicalista, en la unidad religiosa y en la unidad lingüística.

El triunfo del franquismo representa el triunfo de la mentalidad conservadora que relega a la mujer a un segundo plano. Se aducen como razones para condenar la coeducación –o educación mixta- motivos de índole moral y fisiológica. Se hizo famosa la frase publicitaria: “Universidad es cosa de hombres”. O sea que hasta los años 50 a la mujer se le frenó la educación a nivel secundario, desviando la tendencia al alza que se inició en la etapa republicana. La coeducación en los grados primario y secundario es considerada subversiva hasta la muerte de Franco. Y aún hoy hay quienes defienden la separación de sexos en los centros y, además, exigen subvención del Estado, como los demás centros concertados.

Resumiendo, se agudiza el carácter dual en la estructura de la enseñanza, escuelas privadas para ricos y escuelas nacionales (públicas) para pobres. La de los ricos es regentada mayoritariamente por las órdenes religiosas, que se encuentran en una situación privilegiada por su ideología coincidente con el nuevo régimen y por la infraestructura de los centros. Las otras, las nacionales, abandonadas, sus maestros represaliados y con notorias condiciones de inferioridad material, donde se amontonaban excesivo número de escolares. Y como había un alarmante número de niños sin plaza escolar proliferan las academias de carácter minifundista. Y vuelve a aplicarse el dicho de que la letra con sangre entra. Y se implanta lo que la Iglesia había criticado, el monopolio docente de un Estado totalitario que impone sus criterios con memorismo, autoritarismo, orden, silencio, disciplina, castigos, implantación de pautas morales rígidas y adoctrinamiento de verdades inmutables. Y sin tener en cuenta la objeción de conciencia se obliga a los alumnos, dirigidos por sus maestros, a la asistencia a la Santa Misa, a los rezos del rosario en clase, a los ejercicios espirituales, al mes de María, a las izadas de banderas y se amenaza con las penas del infierno.

El periodo 1957-1970

Los cambios políticos que se producen en 1957, generan cambios ideológicos que empiezan a manifestarse durante el Ministerio de Educación Nacional de Lora Tamayo. Hasta 1970 coexistirán a nivel oficial el pensamiento tradicional y una ideología tecnocrática. El momento álgido del pensamiento tecnocrático se sitúa en 1969 y su máximo exponente teórico fue el llamado Libro Blanco.

Las características esenciales de la educación tecnocrática, importada en gran parte del neocapitalismo, se puede concretar en:

a) El eje principal de esta reforma es extender la educación básica común hasta los 14 años (Educación General Básica=E.G.B.)

b) La educación a todos los niveles es una necesidad económica.

c) El rendimiento económico de las inversiones educativas y la eficacia a todos los niveles, es condición esencial para el buen funcionamiento del sistema educativo.

d) El contenido de la enseñanza tiene que estar ligado a la aplicación práctica.

e) Se perfeccionan los sistemas de socialización.

f) La pedagogía se basa en la psicología individual, especialmente la del aprendizaje.

g) El alumno medio debe constituir la base de la educación.

h) Aunque los valores morales de la sociedad tradicional siguen siendo la base del bienestar social.

Hay una mayor racionalización de los métodos educativos en vista de mejorar el rendimiento escolar. Para ello se favorece la utilización de los medios audiovisuales, las máquinas de enseñar, las técnicas de evaluación, etc. Por otro lado se extiende el neopositivismo a nivel primario y se propicia la vinculación entre los centros educativos y los centros de producción. Los descubrimientos técnicos y los de las ciencias de la educación se utilizan para racionalizar el sistema educativo tradicional. Los tecnócratas españoles, siguiendo el modelo neocapitalista, intentan desarrollar por todos los medios, la psicología individual y la del aprendizaje pensando en el rendimiento profesional.

La ideología educativa tradicional se mantiene intacta en todo aquello que no incide en la rentabilidad económica. O sea, el pensamiento tecnocrático no pierde la carga patriótica-religiosa-ideológica, aunque desaparece el nacionalismo de tipo fascista. Pero las contradicciones del pensamiento tecnocrático se evidencian en el problema de la educación femenina. La integración de la mujer a todos los niveles educativos y las solteras al proceso productivo se efectúa, con el sistema tecnocrático, a marchas forzadas, aunque el sexo femenino continúa discriminado en los aspectos cultural y profesional. O sea, por un lado se necesita mano de obra femenina para aumentar la población activa, mano de obra que debe potenciarse profesionalmente para una mayor rentabilidad, pero, por otro, se parte de una infravaloración intelectual de la mujer. Subyace en esta concepción un factor económico, ya que la total incorporación de la mujer en el sistema productivo requiere una inversión económica en guarderías infantiles, que de momento es inviable.

De todas formas a la muerte de Franco se observan tremendas carencias de recursos, centros y profesorado. En 1976 el gasto educativo en España giraba en torno al 2% del PIB, mientras que la media de los países europeos estaba en torno al 5%.

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