“La escuela única”, por Pedro Cuesta Escudero, autor de “La escuela en la reestructuración de la sociedad española (1900-1923)”

“La escuela única”, por Pedro Cuesta Escudero, autor de “La escuela en la reestructuración de la sociedad española (1900-1923)”
miércoles 24 de febrero de 2021, 11:18h
“La escuela única”, por Pedro Cuesta Escudero, autor de “La escuela en la reestructuración de la sociedad española (1900-1923)”

Si el socialismo español en un periodo inicial disponía de una teoría de la revolución, derivada de las doctrinas guesdistas, muy rudimentaria y contradictoria con la praxis sindical socialista, ya desde principios del siglo XX, y en torno a García Quejido, se va definiendo una teoría y una estrategia que, aun manteniendo la perspectiva revolucionaria como meta última (y en esto, precisamente, constituye la diferencia con el revisionismo de Bernstein), ponen especial énfasis en las luchas cotidianas y la actividad reformista. Esta actitud obliga, a la hora de definir con rigor una estrategia y una táctica socialista, a establecer una cerrada oposición frente a un revolucionarismo a corto plazo caracterizado por el terrorismo o la huelga general.

“La escuela única”, por Pedro Cuesta Escudero, autor de “La escuela en la reestructuración de la sociedad española (1900-1923)”
“La escuela única”, por Pedro Cuesta Escudero, autor de “La escuela en la reestructuración de la sociedad española (1900-1923)”

Acercamiento de la I.L.E. al PSOE
Esta distinta perspectiva revolucionaria –que empieza a perfilarse con la publicación de la revista “La Nueva Era en 1901”- pasa a considerar, en vez de que el desarrollo de los medios de producción ha de conducir irremisiblemente a una polarización de la riqueza y de la miseria, que la clase obrera pueda conseguir bienestar y mejoras a medida que su acción se hace duradera y permanente. En vez de que la revolución la tuviera que dirigir una clase obrera depauperada, espoleada por la miseria y el paro, lo debía hacer una clase culta, humana, inteligente y con una alta idea de la dignidad, movida únicamente por su sentimiento de clase. Por esta línea se producen un acercamiento y una colaboración por parte de muchos miembros de la intelligentsia española. La mayoría de estos intelectuales están muy vinculados a la Institución Libre de Enseñanza. La Escuela Nueva será, pues, el puente de unión entre el socialismo español y la I.L.E.

Así es como de esta manera el PSOE incorpora en el programa de sus actividades más importantes y más apremiantes la reorganización de la educación y de la enseñanza a escala nacional, preocupación que está por encima de lo que hasta entonces venía haciendo de proteger y sostener escuelas fundadas por sociedades obreras. Culmina con la aprobación, en el Congreso de 1918, de la ponencia que le presenta la Escuela Nueva. Por su parte, la UGT, en el congreso que celebra ese mismo año aprueba igualmente la ponencia de la Asociación General de Maestros, en la que se recoge lo elaborado por la Escuela Nueva.

Esta preocupación no es exclusiva del PSOE. En todos los ámbitos la necesidad de una profunda reforma educativa es sentida unánimemente.

El Partido Republicano Reformista

Como se sabe, lo mejor del republicanismo histórico rechazó de plano la verborrea revolucionaria de Lerroux y se unió a Azcárate y a Melquiades Álvarez cuando crean en 1912 el Partido Republicano Reformista. La plana mayor del institucionismo (Cossío, Buyllas, Labra, Pittaluga, Onís, Posada, Morente, Zulueta, Álvaro de Albornoz, Américo Castro…) se encuentra con ellos. También muchos de los intelectuales que intervienen en el intento frustrado de la Liga de Educación Política en 1914, Ortega y Gasset, Azaña…, se suman al programa reformista. Aunque Azcárate permanece fiel al republicanismo hasta su muerte, Melquiades Álvarez piensa que la forma de gobierno es lo de menos, pues, si el Rey sigue la senda de la democracia y de las reformas y reina por y mediante un Parlamento elegido sinceramente por el pueblo, no tiene inconveniente de gobernar en la monarquía.

El programa del Partido Republicano Reformista se configura en torno a dos ejes principales: separación de Iglesia y Estado y prioridad a la educación, pues como institucionistas, están dominados por la idea de que la educación puede bastar para la redención social y para el desarrollo y prosperidad de la comunidad. Y, para que todos los ciudadanos sin excepción tengan la misma oportunidad, la obra de la educación nacional ha de ser incumbencia del Estado y el presupuesto de Instrucción pública es el que ha de tener prioridad.

Donde el Partido Republicano Reformista concluye con la más extensa y sistemática formulación programática, nunca visto en la historia de los partidos políticos españoles, según expresión de Artola, es en la solemne Asamblea que celebra en Oviedo el 1 de diciembre de 1918. El institucionista Juan Uña presenta a la Asamblea la ponencia “Bases para la reforma de nuestra Instrucción pública” que, como es lógico, está en la línea de la I.L.E, y se orienta hacia la escuela única. “La obra de la educación nacional –leemos en la ponencia- ha de ser realizada por el Estado (…) Todo ciudadano tiene derecho a la plenitud de la educación humana(…) Organizar una educación general continuada, prolongando y ampliando la enseñanza primaria con grados superiores que se confundirán con el Bachillerato(…) Gratuidad completa en todas las ramas de la enseñanza, becas, pensiones y subvenciones de estudios, alimentación y vestido a los escolares, colonias (…) facilitar y estimular la obra de la mujer, tan compleja como la del hombre(…) garantizar plenamente la libertad de conciencia. Interesar la cooperación de los padres (…) Creación de escuelas maternales y de párvulos (…) La enseñanza religiosa correrá a cargo de los párrocos y no será obligatoria”.

Todos sienten la necesidad de reformar el sistema educativo

“Llevamos más de cinco lustros –exclama el conservador Eloy Bullón- de tanteos, de esfuerzos parciales y de vacilantes conatos, que en su timidez y limitación resultan estériles o perjudiciales. ¡Basta ya de ensayos! ¡Es la hora de las soluciones! Y esta gran labor de reconstrucción pedagógica de España se resume, a mi juicio, en tres empeños capitales: un gran esfuerzo legislativo, un gran esfuerzo económico y un gran esfuerzo espiritual”. Por su parte, los miembros del Parlamento esperan reanudar las sesiones para discutir el proyecto de ley que les debe presentar el Gobierno Nacional que preside Maura.

Y este ambiente de reestructuración de la educación y de la instrucción pública que se respira en España tampoco es exclusivo, sino que más bien es un reflejo de los esfuerzos que lleva a cabo la Europa que configura la Primera Guerra Mundial. En Agosto de 1917 Mr. Fisher presenta en el Parlamento inglés un proyecto de ley de instrucción, que es aprobado en Agosto de 1918. Esta ley comprende la edad escolar que va desde los 5 hasta los 14 años. Y para que sea efectivo se promulga otra ley que prohíbe el trabajo a los menores de 14 años. Además se crean escuelas de adultos, también con carácter obligatorio y gratuito, para los que no reciben educación superior, hasta los 18 años= continuation school.

M. Viviani presenta a la Comisión parlamentaria francesa el 13 de Agosto de 1917 un proyecto de ley de instrucción denominado educación de la adolescencia, que comprende a los muchachos de los 13 a los 17 y a las muchachas de los 13 a los 16 años. Gran parte de los demás países europeos también se mueven en el mismo sentido, sin contar el enorme esfuerzo que realiza la U.R.S.S. para consolidar la revolución bolchevique y salir del increíble atraso cultural heredado de la época zarista. Y lo ya realizado por EE.UU., envidia y acicate de muchos estadistas “progres”, y Japón…, países que por esa y otras razones, se convierten en los protagonistas del mundo.

Lorenzo Luzuriaga trata de despertar la conciencia española hacia las cuestiones escolares

Lorenzo Luzuriaga, hijo de la I.L.E., es quien, con sus publicaciones en las hojas de Pedagogía e Instrucción pública del diario El Sol y sus numerosos trabajos, -continuación de la labor que emprendiera Giner de los Ríos-, trata de despertar la conciencia española hacia las cuestiones escolares. Hace sentir la necesidad de una profunda reforma educativa.

“España se encuentra hoy- escribe- en cuanto a su enseñanza, en una situación mil veces peor de lo que se encontraba Inglaterra antes de entrar en la lucha. Y al mismo tiempo, su situación para emprender las reformas pedagógicas que necesita es mucho mejor a la de aquel país, entre otras cosas por no verse apurada por las dificultades de un país beligerante. Consiguientemente la responsabilidad y la obligación de España son infinitamente mayores en este aspecto que las de Inglaterra”.

“Para no dejar abandonados a nuestros niños a los doce años de edad- prosigue en otra ocasión- necesitamos crear 16.000 nuevas escuelas sobre las 25.000 que nos faltan para poder educar a todos los niños españoles comprendidos entre los seis y los doce años”. “Para los fines como para los medios, para el ideal o para la organización, necesitamos una política pedagógica de que hoy carecemos. Es necesario que cada partido o cada grupo de partidos afines tengan un programa pedagógico, una solución para los diversos problemas de la enseñanza. Que exista, en suma, una concepción pedagógica liberal, y otra conservadora, y otra socialista, etc. Así ocurre en todas partes, y de la lucha y conjunción de estas interpretaciones salen leyes y principios de carácter definido, con los que es posible construir el edificio educativo”.

Escuela activa y escuela única

Y la solución que aporta Luzuriaga es la escuela única (o escuela unificada, como prefería que se llamara) Los dos conceptos básicos de los reformadores de la educación son “escuela activa” y “escuela única”. El primero se refiere a la vida interna de las instituciones educativas, y a la concepción pedagógico-psicológica. La “escuela única” se refiere a la forma, a la organización externa y es fundamentalmente una aspiración pedagógico-social. La escuela primaria impuesta a todos y la segunda enseñanza abierta para todos es la fórmula de la escuela única. Es el derecho que tiene todo niño a recibir la instrucción más elevada y más completa que sus capacidades le permitan asimilar. Desde el punto de vista del Estado es el deber de dar a todo niño los medios de alcanzar ese fin.

“En ese debate, tal y como lo hemos afrontado más de una vez – arguye Rodolfo Llopis- , el adversario nos descubre su verdadero pensamiento, que es el temor de ver amenazada la enseñanza privada por la competencia que pueda hacerle una enseñanza gratuita del Estado. Eso es lo que ocultan bajo el velo de sus malos argumentos. Por eso tratan de identificar y confundir la escuela única con el monopolio, dos tesis completamente distintas”.

La escuela única supone la desaparición de todas las barreras que separan a la enseñanza primaria de la secundaria y a ésta de la superior. En España estas barreras, aparte de su carácter clasista, suponían infranqueables obstáculos para el desarrollo de la educación, pues la enseñanza primaria se orientaba hacia la vulgarización de unas nociones elementales, mientras que la secundaria, que comenzaba a los diez años y era mucho más reducida y elitista, solo buscaba la preparación de los alumnos para el ingreso en la enseñanza universitaria. La escuela única reivindica la unidad y la universalidad de la educación.

El Gobierno de Concentración Nacional presidido por Maura

Después de que la opinión pública ya está sensibilizada hacia los temas escolares, la articulación del Gobierno Nacional –Gobierno de salvación nacional integrado por todas las tendencias políticas oficialmente reconocidas- permite albergar la esperanza de que surja una obra aceptada y con el beneplácito de todos, al confrontarse en un mismo Consejo de Ministros los diversos pareceres; pero, principalmente, por recaer la cartera de Instrucción Pública en manos de Santiago Alba, hombre muy relacionado con la I.L.E., y que está dispuesto a llevar a cabo una profunda reforma en el aparato educativo. Inicia su gestión en este gobierno creando por medio de Real Decreto de 10 de mayo de 1918 el Instituto-Escuela, y consigue que las Cortes aprueben la Ley de 27 de Julio de 1918 sobre los derechos pasivos del Magisterio. Tiene en cartera, antes que se apruebe la nueva ley de instrucción que sustituya a la decimonónica de Moyano, la creación de 20.000 escuelas, que según la ley vigente faltaban, piensa destinar 150 millones de pesetas para la construcción de edificios escolares; 3,5 millones para bibliotecas escolares y lo que considera como una cuestión de honor es elevar, como mínimo, el sueldo anual de los maestros a 1500 pesetas (los maestros cobraban 1000 ptas., mientras que los demás funcionarios- civiles y militares- cobraban sueldos como mínimo de 2000 y 3000 ptas.

En esas fechas los maestros franceses acababan de obtener una subida de sueldo doble a la que Alba pide a las maestros españoles, teniendo en cuenta que los maestros franceses eran cinco veces más numerosos y que antes de la subida el Estado francés consignaba en el presupuesto para sueldos de los maestros siete veces más que el de España) El próximo Consejo de Ministros debía decidir sobre ello, y de él saldría la dimisión o la continuación en el cargo, según manifestaciones del Ministro Alba. El Consejo de Ministros que se celebra el 24 de Septiembre de 1918 acaba con una violenta discusión entre Cambó, Ministro de Fomento, y Santiago Alba sobre el problema de los sueldos de los maestros. La dimisión de Alba es la brecha que desintegra este gobierno de concentración nacional.

La oportunidad de la reforma educativa pasa y las cosas se quedan como estaban. Hay que esperar a la llegada de la II República para que haya un serio intento de estructurar el sistema educativo según el modelo de la I.L.E. Como para los dirigentes republicanos la escuela debía ser un instrumento para crear ciudadanos libres y comprometidos con las ideas del pluralismo, la tolerancia y la democracia, los objetivos que se marcan en el campo educativo y docente son la socialización de la cultura y la escuela única. Socializar la cultura suponía reconocer, promover y al final garantizar la igualdad de los españoles ante la educación. Como la enseñanza privada estaba casi totalmente en manos de las órdenes religiosas, firmes aliadas del régimen sustituido, la conclusión era manifiesta: la república debía “nacionalizar” la cultura, nacionalizando de paso las instituciones docentes. Para evitar su desaparición la Iglesia procedió a trasferir las escuelas de las órdenes religiosas a organizaciones católicas como la Conferencia Católica de Padres de Familia (CONCAPA) o la Federación Española de religiosos de Enseñanza (FERE).

La escuela única significa la equiparación de todos los niños en cuanto a las facilidades para la educación, sea cual fuere su posición económica y social, su confesión religiosa y su sexo, la supresión de la escuela confesional, el establecimiento de la coeducación, la sustitución de las escuelas públicas y privadas por una escuela básica común a todos los niños, la unión de la primera y segunda enseñanza y máximas facilidades para el acceso a la universidad.

La dictadura de Franco acabó con la escuela única y vuelta a empezar.

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