QUINTO CENTENARIO DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO, por Pedro Cuesta Escudero, doctor en Historia Moderna y Contemporánea

QUINTO CENTENARIO DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO, por Pedro Cuesta Escudero, doctor en Historia Moderna y Contemporánea
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Autor de “Y sin embargo es redonda”. Magallanes y la Primera Vuelta al mundo

jueves 29 de octubre de 2020, 09:45h
QUINTO CENTENARIO DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO, por Pedro Cuesta Escudero, doctor en Historia Moderna y Contemporánea

(Quinta entrega)

Y Juan Carballo, autoproclamándose Capitán General, huye de estas islas de tan luctuosos recuerdos. Al estar tan mermada la tripulación para el manejo de las tres naos, se decide quemar la “Concepción”, que está carcomida por la taraza y ya no es muy apta para la navegación. Carballo, que se rodea de incondicionales, sabe que, teniendo bien asegurada la “Trinidad”, la “Victoria” les ha de seguir a la fuerza. Por eso deja el mando de esta nave a Gómez de Espinosa, de probada rectitud, y a Juan Sebastián de Elcano que es querido y respetado por sus compañeros. Y Carballo piensa que estando en sus manos la flota se puede hacer acopio de ganancias que irían a parar a sus bolsillos, pues siendo el contador de la armada, el tesorero y el jefe supremo no tiene que rendir cuentas a nadie. Y cuando los bolsillos estén bien repletos se encaminan a casa y aquí no ha pasado nada. Se dedican a la piratería y por un prisionero sabe de la rica Borneo a donde se dirigen.

QUINTO CENTENARIO DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO, por Pedro Cuesta Escudero, doctor en Historia Moderna y Contemporánea

Borneo también se cobra su tributo de hombres. Es el triste sino de los que se embarcaron en la locura de Magallanes. En la huida la “Victoria” encalla. Con ingenio y gran esfuerzo la “Victoria” sale de los arrecifes y vuelve a drizarse. Pero deja de ser lo marinera que había sido. Necesita una reparación en profundidad. Y en un islote que hay al Norte de Borneo se encuentra el puerto ideal para reparar y carenar las naos, principalmente la “Victoria”. El déspota de Carballo es desposeído de su cargo por la irritada tripulación y ante la amenaza de colgar de una palmera decide continuar con su oficio de pilotar la “Trinidad”. Gonzalo Gómez de Espinosa, de reconocida rectitud y entereza, queda con el mando de la nao “Trinidad” y con la contabilidad de las cuentas; los pilotos Juan Rodríguez Mafra, Ginés Mafra y Juan López Carballo son los encargados de manejar el timón de dicha nao capitana. Y Juan Sebastián de Elcano, muy apreciado y que en numerosas ocasiones ha demostrado ser un jefe nato, es nombrado Capitán de la “Victoria” y Juan Bautista Punzorol le ayuda en el pilotaje.

Y el miércoles 6 de Noviembre de 1521 arriban, por fin, a las ansiadas islas de las especias, a las islas Molucas. Se enteran que el amigo de Magallanes Francisco Serraö había muerto. Y por el portugués Pedro Alfonso de Lorosa, afincado desde hace unos años en la isla moluqueña de Ternate y que acepta regresar a Europa con la escuadra castellana, saben que los portugueses suelen venir a estas islas a cargar clavo de especias. Y siempre recaban información si la escuadra de Magallanes había arribado a estas islas, porque las órdenes del Gobernador general de las Indias portuguesas es de no dejar vivo a ninguno. Gracias a la buena diplomacia de los dirigentes de los dos barcos se cargan hasta rebosar de clavos de especias, que en Europa supondrá una fortuna incalculable.

Y llega el día en que todo está dispuesto para partir hacia España, el 18 de Diciembre de 1522. Cuatro marineros expertos en artillería quedan al cuidado de la factoría que han montado, donde se irán guardando las especias de la siguiente cosecha hasta el regreso de importantes escuadras castellanas. Las amarras de las dos naves son desatadas y se levan las anclas, Se despliegan las velas y la “Victoria” gana el largo con gran majestuosidad. Pero la “Trinidad”, la que con su quilla ha arado las aguas en tantas millas, la que siempre ha ido en vanguardia rompiendo nuevos derroteros para que sus compañeras siguieran su estela, queda atrás. Tiene tensas las velas y no avanza. Como si alguien la hubiera agarrado de la quilla. Bajan a la bodega y la encuentran toda inundada. Todo es un rechinar de dientes, blasfemias, maldiciones. La “Victoria” y los balangues que llevan la delantera, en vista de que la “Trinidad” no les sigue, deciden regresar. Todos quedan estupefactos ante la mala suerte. Hay que descargar toda la mercancía, tirar a tierra la nao y cambiar todas las cuadernas y varengas de la obra viva. Es un trabajo que llevará meses.

Discusión por el regreso

Y ahora surge una discusión que conviene tener en cuenta. Regresar por el camino andado hasta el estrecho de Magallanes es descartado por todos. Tienen presente las penurias pasadas en ese mar inacabable. Ahora bien, Gómez de Espinosa, Punzorol, Juan Carballo, Mafra son partidarios de retornar por el Pacífico Norte hasta el Darien , que es tierra castellana y de allí a casa sin problemas. Pero Elcano, Pigafetta, Albo y otros más alegan que ese es un recorrido sin roturar, que nadie ha surcado y no se sabe los problemas que se presentarán en esa nueva ruta. Sin embargo la ruta de los portugueses ya está trillada y no surgirán obstáculos no previstos, como a Colón unas tierras que no figuraban en ningún mapa, ni un inacabable océano como a ellos, invisible por la cosmografía. Se les replica que esa ruta es de los portugueses y si se quiere organizar el comercio con estas islas de las especias no se puede establecer por la demarcación que el tratado de Tordesillas reserva a Portugal. Además, esa travesía es tremendamente peligrosa, los portugueses no tendrían ni la más mínima compasión, pues no se expondrían a que se les arrebate este tesoro tan preciado. Pero hay que ir a casa de una puñetera vez exige Elcano. El consejo de Gómez de Espinosa es esperar a que esté reparada la “Trinidad” y después marchar todos juntos. La “Victoria” puede llegar a casa, alega Francisco Albo, casi en el mismo tiempo que se tarde en reparar la “Trinidad”. Al estar al otro lado de la Tierra, replica Gómez de Espinosa, aventurarse a salir con una sola nave es una gran temeridad. No ve muy difícil Elcano gobernar la nao hasta España, pues los portugueses van y vienen periódicamente por estos mares desde hace más de veinte años. Pero los portugueses se conocen las rutas bastante bien, se le replica, y van provistos de buenas cartas de marear que les señalan las corrientes, los vientos, los escollos; además en África, en Mozambique, en la India, en Malaca hay factorías portuguesas donde hacer escala; en esas factorías hacen acopio de provisiones, de agua, de leña y de repuestos; y encuentran pilotos si hace falta.

Y la mayor dificultad que hay que arrostrar por esa ruta de los portugueses consiste, precisamente, en que no solo hay que prescindir de esos abastecimientos que hay en las factorías, sino que además hay que evitarlas dando grandes rodeos; por todos los medios hay que evitar ser avistados por los portugueses, pues serían apresados y no dejarían a ninguno vivo, por ser sabedores de la situación de estas islas. Se le pregunta a Elcano si ha reflexionado lo que es recorrer con una sola nao, y ya medio podrida, la mitad de la Tierra. Es una temeridad el que zarpe sola la “Victoria”, pues aún queda de viaje otro tanto como el que se ha hecho hasta ahora. Desde aquí hasta Panamá, explica Carballo, no hay más de dos mil leguas y es el mejor y más corto de los posibles viajes de retorno. Albo le replica que esos cálculos no coinciden con la realidad porque nadie ha surcado esa ruta. Y Elcano razona que saliendo cada nao por una ruta distinta hay más probabilidades de que una de las dos llegue a Castilla y allí puede solicitar la ayuda que la otra pudiera necesitar.

El piloto de la “Victoria”, Punzorol, se niega a salir por la ruta de los portugueses, Hay porfía. Pero Francisco Albo, que es de la dotación de la “Trinidad”, al ofrecerse a pilotar la “Victoria” es aprobado el intercambio. También se cambia de la “Trinidad” a la “Victoria” Antonio Pigafetta. Y el 21 de Diciembre de 1521 parte la “Victoria” rumbo a España por la ruta de los portugueses. Y cuando piden ayuda a los portugueses en las islas de Cabo Verde y se enteran que es jueves cuando tienen anotado en sus diarios que es miércoles es cuando se aperciben de la proeza que están realizando, están dando la Vuelta al mundo.

Y ahora toda la gloria se la lleva esta nave capitaneada por Juan Sebastián de Elcano. Este hecho de dar la Vuelta al mundo es lo que ha trascendido y lo que se conmemora. Y al ser bautizado el buque escuela con el nombre del de Guetaria la Armada y la España oficial no tiene más héroe que Juan Sebastián de Elcano. Y se llega hasta el punto de minimizar este trascendental viaje, dejando a los demás protagonistas en un segundo plano con tal de ensalzar al guipuzcoano. La historiadora norteamericana Carla Rahn Phillips, que venimos citando, afirma que “la misión del portugués fracasó en cierta medida, porque las Molucas estaban al final en la zona de influencia. El verdadero activo fue la vuelta al mundo, obra de Elcano”

El gran olvidado

Y el gran olvidado, que nadie cita en sus narraciones y en este Quinto Centenario de este viaje, es el último Capitán General de la Armada y de la nao “Trinidad”, Gonzalo Gómez de Espinosa, el que siempre fue fiel a Magallanes y gracias a su actuación se pudo realizar este magno viaje. Tenía toda la razón de encontrar el tornaviaje por el Pacífico Norte si se quería conservar ese tesoro de las islas de las Especias. En 1529 tras el tratado de Zaragoza Carlos I hubo de malvender a Portugal las Molucas, porque no se podían explotar sin atravesar el espacio marítimo reservado a los lusitanos. Es una prueba de que estaba en la demarcación que corresponde a Castilla, porque nadie vende lo que no es suyo.

Una vez que fue concienzudamente arreglada la nao “Trinidad”, Gómez de Espinosa da la orden de atravesar el Pacífico hasta llegar al Darién. Iban cincuenta y cinco marineros. Pero un terrible tifón les destrozó todo el velamen. Se vieron obligados a cortar los castillos de la nao. Durante doce días no comieron nada al no poder cocinar ninguna comida. Cuando pudieron cocinar comprobaron que todos los víveres estaban llenos de gusanos, lo que les provocaba enormes náuseas. Solo comían un puñado de arroz y bebían el agua de lluvia que se recogía con las bonetas y las roldanas. Se desencadenó una nueva enfermedad que produjeron unas lombrices que infectaban todas las tripas. Se supo porque abrieron un cadáver y lo encontraron lleno de lombrices.

Y deciden regresar a las Molucas anclando en la isla de Doy, donde se enteran que una escuadra de siete navíos al mando de Antonio Brito, que traía nombramiento del Rey de Portugal como gobernador de las islas de las Especias, había destrozado la factoría de Tidore y aprisionado a los hombres que habían dejado al frente de ella. Aún a sabiendas que los podían aniquilar piden ayuda a los portugueses en su calidad de españoles y de cristianos. Brito encierra a los veinticuatro supervivientes en una fortaleza construida en Ternate y se incauta de los instrumentos náuticos, portulanos, los libros de San Martín y de Magallanes y de todos los papeles que había en la “Trinidad”. Lorosa, por ser un portugués traidor, es sentenciado a muerte y decapitado.

A esas cárceles van a parar Hernando Bustamante, uno de los dieciocho que regresaron con Elcano, y Andrés Urdaneta, que se habían embarcado en el segundo viaje que Castilla organiza para llegar a las Molucas. Habían salido siete naves y 450 hombres al mando de Jofré de Loaysa y Juan Sebastián de Elcano como piloto mayor. Tanto Loaysa como Elcano mueren a mitad de travesía, en el Pacífico, y llega a las Molucas un solo barco con cien hombres dirigidos por Martín Íñiguez Zarquizano, donde son apresados por los portugueses. Gómez de Espinosa le explica al joven Urdaneta el camino de retorno por el Pacífico Norte y la mala suerte de haber sufrido un terrible tifón.

Portugal se queda con las Molucas
Tras el tratado de Zaragoza en que Portugal se queda con las Molucas, los prisioneros de Ternate son liberados de la prisión. Y Gómez de Espinosa, tras un penoso calvario de prisión en prisión es trasferido junto con Ginés Mafra y León Pancaldo a la prisión de Limoneiro de Lisboa. Desde allí pudieron mandar una carta y en cuanto se enteró el Emperador Carlos reclamó la libertad de los tres, aunque a Ginés Mafra aún lo retuvieron porque le encontraron unos libros en su arca, unos escritos por él y otros dos de Andrés de San Martín. Y los Oficiales de la Casa de Contratación niegan pagar la soldada de diez años a Gómez de Espinosa porque nadie podía pretender haber servido al Emperador tanto tiempo.

El 8 de Octubre de 1565 con la nao “San Pedro”, capitaneada por Rodrigo de Espinosa, Andrés de Urdaneta, que tenía buena memoria recordando la ruta de vuelta a casa por el Pacífico Norte que le había explicado Gómez de Espinosa, llega a Acapulco llevando a buen término el “tornaviaje” que permite la vía de vuelta desde las Islas de San Lázaro, rebautizadas por Legazpi que las conquistó para España Filipinas. De esta manera España pudo conservar en su poder hasta 1898 las islas Filipinas y las islas Marianas. Y también las Carolinas.

Se ha comparado el viaje de la primera Vuelta al mundo con el viaje a la Luna. Se parecen en lo trascendental, pero en nada más. El viaje a la Luna no duró mucho tiempo, desde las bases de la Tierra los controlaban y se podían comunicar. Y todo estaba previsto hasta el último detalle. Sin embargo, el viaje que organizó Magallanes duró tres años, los mapas con los que salieron resultaron ser falsos, en el Pacífico carecían de mapas que los orientara, no podían pedir socorro a nadie, oficialmente los dieron por desaparecidos, sufrieron lo indecible con las inclemencias del tiempo y todas las torturas de la escasez. ¿Cómo pudieron superar la espantosa soledad en que se vieron sometidos, el desamparo de saber que nadie les podía ayudar, ni siquiera atestiguar de su sacrificio?

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