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18 de junio de 2019, 10:54:01
DIARIO TECH


GAMIAS, CÓPULAS Y AMPLEXOS


El hallazgo de ciertos fósiles de peces hace pensar a los especialistas que la cópula sexual es más antigua de lo que se pensaba.


El sexo lo cambió todo. En un artículo de Investigación y Ciencia (Marzo 2011, pgs. 17ss.), John A. Long, investigador y museísta, especula con la posibilidad de que las mandíbulas hubieran surgido inicialmente para ayudar a los peces macho a sujetar a las hembras durante el apareamiento; sólo después habrían adquirido la función de procesar alimento.

Un fósil de placodermo del Devónico tardío (Materpiscis attenboroughi) corresponde a una hembra de pez de hace 375 millones de años que murió mientras gestaba el embrión más primitivo de vertebrado que conocemos. El nombre específico significa “pez madre de Attenborough”, en honor del gran divulgador de la naturaleza David Attenborough.

Los Placodermos fueron los primeros vertebrados que copularon y parieron crías vivas, en vez de poner huevos en el agua (freza). Aunque los animales que procrean de esta manera dan lugar a menos descendientes de los que frezan, las crías son mayores y más resistentes, y tienen por tanto más posibilidades de sobrevivir que aquellas, más vulnerables, que se desarrollan por su cuenta…

A la luz de los últimos hallazgos, la reproducción sexual interna tuvo su origen en los Placodermos, peces de aletas lobuladas que dieron lugar a los tetrápodos, es decir, a los animales de cuatro patas, y luego a nosotros, homínidos o -como nos definió Platón- bípedos sin plumas. En lugar de los antiguos abrochadores que usaban los peces de aletas lobuladas para la cópula, los tetrápodos desarrollarán con el tiempo hemi-penes, penes y vaginas.

Los insectos parecen haber desarrollado sus habilidades sexuales fuera de esta línea evolutiva. Sin embargo, su diversidad reproductiva resulta sorprendente, pues explota gran diversidad de formas, y no sólo el bisexualismo (como las langostas egipcias y los gorgojos de las malvas que adornan este artículo). Hermafroditas como caracoles son los insectos capaces de producir gametos masculinos y femeninos. Los zánganos de las abejas son machos con la mitad de cromosomas que las hembras, nacen por partenogénesis de huevos sin fecundar. La mayoría de los insectos son ovíparos (ponen huevos), pero también los hay vivíparos como mamíferos, algunos dermápteros y también dípteros como la mosca tsetsé que transmite la enfermedad del sueño paren vivos a sus criaturas. Muchos himenópteros (avispas, abejas y hormigas) recurren a la poliembrionía: el cigoto se divide asexualmente produciendo ejemplares idénticos, como gemelos humanos univitelinos.

Multiplicarse es lo que importa, y sobrevivir. Pero por mucho que lo intente, el organismo individual es sacrificado a la especie; una vez que se reproduce, el individuo decae y muere. Sobrevive el gen, el “gen egoísta”, como le llama Richard Dawkins. Según este famoso biólogo ateo, el gen es el auténtico protagonista en la sombra de la evolución natural. Nosotros somos algo así como sus robots, mecanismos construidos por los genes para replicarse.

Por influencia de Dawkins, hoy se habla también de memes, en el sentido de ideas, símbolos, metáforas o iconos, como unidades culturales relativamente autónomas, que se replican saltando de cabeza en cabeza como si poseyeran intención de sobrevivir, usando nuestros cerebros para conformar sus engramas neurales, las estructuras en que consisten.

Para saber más: http://es.wikipedia.org/wiki/Materpiscis

José Biedma López, para Nuevodiario.es

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